existen los milagros en los Sanfermines. Habrá quien los atribuya a la intercesión divina, al capotillo del santo o a la fortuna. Pero los milagros asoman a cada hora. Basta observar una y otra vez las imágenes del encierro de ayer para constatar que los daños son mínimos para lo que hubiera podido pasar. Gente parada en las zonas comprometidas, un toro que arremete contra la masa y los cuernos que no tocan carne. Incluso en la plaza un joven se vio prendido por dos duros alfileres contra el tablado sin sufrir daño alguno. Son los milagros de cada día. Luego están los de cada noche: pillar un hueco en la barra, beber en vaso de cristal, ligar cuando todo se da por perdido, alcanzar la villavesa en un momento crítico para el cuerpo o encontrar un water en condiciones.