pamplona. Los toros de Conde de la Corte protagonizaron ayer un primer encierro de los Sanfermines largo, accidentado y peligroso. Sin embargo y a pesar de los momentos de tensión que se vivieron durante la carrera, especialmente en Mercaderes, no hubo heridos por asta. Pero no porque los condesos no lo intentaran, sino porque esta vez la fortuna se puso de parte de los mozos. Y es que el capote de San Fermín tuvo ayer mucho trabajo.
Si bien el santo pudo evitar que no hubiera corneados, sí que se registraron heridos. Un total de trece personas fueron atendidas en los hospitales públicos de Pamplona por contusiones y traumatismos. Entre ellos, el vecino de Lekunberri José María Elizalde Azpíroz, que sufrió un hemoneumotórax, fracturas costales y rotura de bazo después de que se cayera y uno de los morlacos le pisara la espalda. También un joven de Corea y otro californiano presentaban pronóstico reservado por sendos traumatismos craneoenfálicos. El encierro, que duró cuatro minutos y veinte segundos y en el que los mozos pudieron realizar bonitas carreras, estuvo precedido por un recuerdo especial al montañero pamplonés Iñaki Ochoa de Olza, corredor habitual de la cuesta de Santo Domingo fallecido el pasado 22 de mayo en el Annapurna.
Tras una década sin participar en la Feria del Toro, la ganadería de Conde de la Corte regresó ayer a las calles de Pamplona y cumplió con su fama de noble. Los seis condesos , que lucían una impresionante cornamenta, salieron de los corrales por detrás de los cuatro mansos, si bien un toro tomó la delantera por la izquierda. En la cuesta de Santo Domingo se registraron numerosas caídas de corredores, algunos de los cuales fueron además pisoteados por la manada, que poco a poco se iba estirando. Uno de los momentos más complicados se vivió una vez hubieron atravesado la plaza del Ayuntamiento. Al comienzo de Mercaderes, hasta tres astados se dirigieron al margen derecho de la calle, donde arrollaron a un gran número de corredores que permanecían a la espera de que pasase el grupo. Uno de los bureles lanzó por los aires a un joven y otro astado, el más pesado del grupo con 625 kilos y de nombre Asiático , cayó al suelo y al levantarse se volvió y dirigió su embestida al otro lado de la vía, donde, al mismo tiempo, rompió la camiseta a un mozo con un asta y se llevó parte del vestuario de otro con la otra para después continuar la marcha. Eso sí, dejando a más de uno temblando.
Desde ese momento, el encierro quedó partido. Asiático continuó la marcha hacia la plaza de toros acompañado por dos cabestros y al hacerlo adelantó a su hermano Fugitivo . El resto de la manada superó la curva de Estafeta sin caerse, aunque sí chocaron contra la valla. El hecho de que el grupo estuviese muy estirado ayudó a que se crearan huecos que los mozos supieron aprovechar para poder desarrollar hermosas carreras ante los astados en los tramos de Estafeta y Telefónica. Fugitivo tomó un papel relevante en el último tramo del recorrido. En más de una ocasión hizo amago de regresar sobre lo andado, pero gracias al buen hacer de los pastores y de los mozos que le guiaron lograron que finalmente entrara en la plaza con más de un minuto de diferencia respecto a sus hermanos. Al llegar al albero, Fugitivo cayó al suelo. En el coso, le esperaba Asiático , quien dio una vuelta al ruedo después de propinar una fuerte embestida a un joven que, de milagro, no recibió una cornada en el abdomen. La embestida fue tan fuerte que hizo saltar un trozo del vallado de la plaza. Los dobladores tuvieron que afanarse para que estos condesos entrasen en los chiqueros.