Pamplona. ¿Se imaginan un encierro en el que los mozos tuvieran que correr mirando al suelo para no tropezar con una botella? Los encargados de evitar situaciones de este tipo son los hombres y mujeres del servicio de limpieza del ayuntamiento. Son los trabajadores anónimos que, con gran esfuerzo, hacen posible que el recorrido entre los corrales y la plaza esté preparado a las ocho en punto.
Ayer, día 7 de julio, el servicio de limpieza no estuvo sólo, y es que los trabajadores contaron con la ayuda de la policía, que se aseguró de que no hubiera problemas con la recogida de basura. Entre doce y quince agentes, de la Policía Foral y la Policía Municipal, se limitaron a acompañar a los operarios y los vehículos de limpieza, ya que, como dijo el director del área de conservación urbana de Pamplona, Óscar Esquíroz, no hizo falta más.
Botellas, vasos de plástico, tetra bricks, papeles o restos de comida. La impresionante cantidad de desperdicios que se genera durante un día en Sanfermines hace necesario que las labores de recogida tengan que comenzar a las cuatro de la madrugada y acaben en torno a las ocho menos cuarto. Óscar Esquíroz explicaba que "es un trabajo encomiable el que hacen estos hombres y mujeres, porque es algo que, al final, hay que hacer".
Así pues, la operación de limpieza comenzaba ayer alrededor de las cuatro, cuando ocho operarios y un camión recolector se echaron a la calle, haciendo un trabajo bastante manual, retirando lo que podían en un primer momento. Tras este primer grupo, acompañado por la policía para garantizar su seguridad y el buen comportamiento de los ciudadanos, llegó el turno de la segunda brigada, a las cinco de la mañana. La segunda salida consistió en la limpieza del recorrido, ahora de un modo más exhaustivo, con el apoyo de dos maquinas barredoras y otras dos baldeadoras. Esta fase de la limpieza se extendió hasta las siete de la mañana. Para terminar, dos grupos de recogida daban los últimos retoques, el primero realizando el recorrido del encierro en su dirección habitual y el seguido a la inversa, desde el callejón de la plaza hasta la cuesta de Santo Domingo. Las tareas se dan por finalizadas en torno a las ocho menos cuarto, cuando todo debe estar listo para que los corredores vayan ocupando su lugar en las calles.
Como es habitual, una multitud de jóvenes se agolpaba junto a las barreras para conseguir un lugar desde donde ver en directo el encierro. Con tantos jóvenes, muchos de ellos haciendo el gamberro, las brigadas de limpieza se ven muy entorpecidas, pero gracias a la presencia de los agentes municipales y forales "la gente se comporta más, se mide y deja de hacer el gamberro, aunque no lo estuviera haciendo a mal", comentaba Esquíroz.
Desde el área de conservación urbana, la valoración del día de ayer es positiva, ya que se estima que todas las tareas se realizaron de forma fluida y se pudo llegar a la hora del encierro con los deberes hechos "con cierta holgura".