DICEN que la competencia es buena. Que hace ponerse las pilas a la gente y a ser más agresivos y menos conformistas en su trabajo. Pues esta teoría será válida para cualquier faceta de la vida, pero ayer quedó claro que no es así en retransmisión de los encierros. El encierro es un espectáculo que fue calando años tras año a lo largo los 27 años de historia en la que lleva empeñada TVE . Desde el año pasado Cuatro se ha apuntado al evento y, de alguna manera, ha llegado como elefante a un cacharrería pero con una envidiable osadía que le hace llegar hasta lugares que nunca antes se habían planteado en TVE . Platós vistosos en el corazón de la ciudad, comentaristas en varios puntos, imágenes en exclusiva del encierro dentro de la plaza, un nuevo estilo que juega con la improvisación y la interrupción breve de los corresponsales en vivo y en directo.
Pero vayamos por partes. Porque lo de ayer de Cuatro no sé si es estilo o pura locura. Imágenes que se repetían sin ningún tipo de orden, planos de barridos buscando toro como auténticos guiris corriendo en sentido contrario, audios que no se correspondían con la imágenes y tapaban por completo la narración principal. Puro caos que se hubiera entendido mejor el día de antes donde los reporteros se metieron en el corazón del chupinazo (también lo hicieron los de TVE ) en la trampa sin salida en que se convierten las calles de la ciudad en los momentos previos a las 12 del mediodía. Pero a mi me da que tanto barullo rompe de manera frontal la tensión dramática que ha marcado hasta ahora las retransmisiones de este espectáculo. Porque por más que se empeñen, un encierro no es un partido de fútbol.
La experiencia había asegurado hasta ahora que la grandeza de las imágenes del encierro es más poderosa con cierto silencio y cierto orden en las sucesión de las imágenes que metiendo el micrófono a pie de calle y dejando que las imágenes se sucedan sin control, ni realización. Jamás se había visto una narración tan desordenada de un material audiovisual y el resultado creo que tampoco merece la pena. Es cierto que tantoCuatro como TVE han ampliado sus horas de emisión. En ambos casos las retransmisiones en directo empezaron antes de las siete y media y se alargaron durante más de 75 minutos. Todo un privilegio que dos de las grandes cadenas generalistas se ocupen del acto.
Desde el año pasado los espectadores nos tenemos que decantar por seguir el encierro entre TVE y Cuatro. Esta dualidad mañanera tiene ya su miga. Si uno apuesta por la dejarse llevar por la tradición y los sabios consejos de Javier Solano (el gran especialista en encierros) corre el peligro de perderse algún lance de los que puedan suceder en la plaza de toros a donde TVE sólo llega a través de la puerta abierta del callejón.
Lo que sí ha evolucionado con respecto al año pasado es que ambas cadenas se miran de reojo. El estilo desenfadado de Cuatro comienza a copiarse en TVE acostumbrada como estaba a retransmitirlos año tras año sin admitir mayores cambios. De pronto la intromisión de Cuatro ha supuesto que en el canal público tenga que mover ficha para no aparecer como un viejo cascarrabias.
El primer encierro de los Sanfermines se saldó con trece trasladados y los movimientos pugilísticos de las dos cadenas. De buenas a primeras un fallo técnico mando a TVE a la lona. Un resbalón que noqueó a las huestes de Almudena Ariza de forma absurda dejándoles fuera de cualquier posibilidad de pelea por las audiencias. Y es que los hay con suerte y Cuatro , después de lo visto en la Eurocopa y ayer con el triunfo de Nadal en Wimbledon, ha demostrado que la tiene. Si de algo sirvió el fallo técnico es para saber que hay cosas que no cambian en televisión. El cartel en el que nos comunicaban que "estamos viendo la retransmisión del encierro de Pamplona" recordaba a otros tiempos en que los fallos estaban a la orden del día. Lo que faltaba de añadir tras su apagón es que en realidad, donde estábamos viendo el encierro era en su competencia. Ya ven, los problemas del directo que ayer incluso se colaron en la casa de unos pamploneses que se vieron sorprendidos en pleno desayuno. Afortunadamente las cámaras de Cuatro los habían pillado en estampa hogareña: entregados al café con leche y dando cuenta de un plato de tostadas. Ojo pues con el directo.