pamplona. Del titular de los seis silencios y aburrimiento tiene buena culpa el protagonismo y equivocadas formas de la cadena de pago que echa la feria taurina pamplonesa. Muy a destiempo, (ya lo denunciaba el colega Larrea y muchos aficionados), le pusieron la alcachofa a Marín cuando terminó su labor ante el tercer toro. Es criticable el horripilante sainete trompetero cuando Francisco Marco, muy valiente toda la tarde, se la jugaba con clase ante el segundo condeso ... También lo es el abuso de poder de los imperios de la comunicación. Aunque quizá, el torero catalán prefirió un trueque de golpe mediático por corresponder con saludos las palmas de la parroquia pamplonesa. Sobre la materia prima, ¿qué decir? Una pena que esos toros, que cualquiera de ellos hubiera podido lucir revisteros e, incluso, la portada de La Lidia, mostraran colosal lámina, enorme presencia y escaparate por cuerna, hondura y remate y tuvieran tan poco fondo y contenido. En descargo del sexteto de Guillermo López Olea habrá que apuntar que, salvo el primero, tuvieron exquisita fijeza en sus encuentros ante la acorazada de pirámides cortantes. El cuarto, de Olea, además, se mostró bravo, metiendo los riñones debajo del peto. Aunque a partir del tercero, el castigo en varas fue corrigiéndose a menos, la corrida no terminó de emplearse en segundo y tercer tercio.
A Asiático , toro que abrió plaza, le pegaron fuerte en el caballo y llegó tras un enorme desorden de capotes (algunos como los de El Chano, con ventajistas varillas para exagerar el apresto) a la muleta de Miguel Abellán con el eje de sus patas y la circunferencia trazada con sus enormes y astifinos pitones, sujetos éstos en unas sienes de medio metro que marcaban su territorio. Todo lo mal hecho y el intento de aseo del torero le valió primero un desarme y después un par de cogidas que le dejaron hecho un Ecce Hommo , con la mandíbula y piernas pisoteadas y un puntazo en un glúteo. Abellán fue atendido en la enfermería después de, medio noqueado, finiquitar al torazo defensivo con malas artes a espadas. El cuarto, Pelotonto, fue el mejor del encierro. Abellán lo destempló con el percal. El toro cumplió con nota ante el penco y llegó con cierto recorrido y clase al último tercio. Duró muy poco. Se desengañó, paró y rajó. Abellán, ahora mejor, supo hacer la croqueta en otro topetazo del animal. Al hilo de las tablas del 3 terminó toda posibilidad de lucimiento.
Francisco Marco estuvo muy bien con el capote toda la tarde, sobre todo ante el quinto, al que recibió a portagayola, con una larga de rodillas y con bragueta firme y temple a la verónica. También quitó en chicuelinas de cartel en el segundo de Abellán. El primero del estellés, Zurcidor prometió dejar estar en los primeros tercios. Y sí, dejó estar pero sin opciones de lucimiento por su cortedad de acometidas y su gazapeo. Marco estuvo por encima del toro. El quinto, Notaria , fue abantón de salida y se le cuidó en el caballo. El navarro cuajó las dos mejores tandas de la tarde. Se barruntaba triunfo, pero el toro, como el resto de encierro, se paró. Arrimón de torero sin resultados artísticos pero sí de enorme valor, sobre todo en las manoletinas, en corto y de frente, del epílogo.
Como en años anteriores, la puesta en escena de Serafín Marín fue buena en esta plaza, pero sin suerte con el ganado. Decidido el catalán a la verónica en sus dos toros con un capote de dimensiones colosales. Robó varias tandas cortas al tardo Mangosto , lidiado en tercer lugar, a base se cambiarle terrenos y aplicarle variedad de distancias. Cuando el toro parecía entregarse al natural, en la tercera descolgada debió pensárselo mejor y se declaró insumiso. De pecho encadenados y ayudados por bajo. Otro silencio. Terminaron los bostezos. A la rue .