EL BRAVO burel se encontró de sopetón con un torero que parece estar pensando en la mar amarga y que lleva diez años de alternativa apuntando y disparando a ciegas. El señor Abellán lo tiene muy crudo si se comporta como lo hizo el día del Patrón en la Monumental de la capital del vetusto reino pirenaico, como diría mi admirado Luis del Campo. No es de recibo que la sangre brava, carísima por lo escasa, se desparrame por el sumidero.
Comentaba en los días de la pre-feria que una ausencia de diez años de los bureles del Conde de la Corte era un castigo excesivo para este humilde aficionado. Puede que más de uno opine que si no regresan en otra década, la Feria del Toro no se resentiría ni un ápice. Pues va a ser que no, ya que la vacada nodriza de la práctica totalidad de lo que se lidia de los ganadores asimilados a la unión de criadores, procede directamente o por vías allegadas o colaterales del torrente de sangre brava que marca la historia de la finca Los Bolsicos, allá por Jerez de los Caballeros, templarios, por supuesto. Los aficionados debemos defender a capa y espada los escasos encastes que sobreviven en la cabaña de bravo, pues si nos dejamos camelar por taurinos, revisteros y demás fauna de mal vivir que pulula alrededor del tótem sagrado de la vieja Iberia, apaga el candil y vámonos.
La ganadería que nos ocupa está recuperándose francamente de la crisis endémica que sufren cíclicamente todas las vacadas que en el mundo han sido. Todos deseamos que la eclosión de los hermosos toros del Conde de la Corte suceda en Pamplona con especímenes como Pelotonto y más afinados si cabe. Puedo asegurar, que cabe.
Ya hemos tratado el problema de Miguel Abellán, que comenzó la tarde lidiando de malas maneras a Asiático , que tomó cumplida nota de todo el chapucerío y acabó vengándose con saña en cuanto el aterrorizado bípedo vestido de luces le atacó con la tizona. Un poco más y lo despanzurra. Los toros encastados no perdonan, señor Abellán.
A nuestro matador Francisco Marco, la desdicha le llegó a la hora del sorteo, cuando le comunicaron que Zurcidor y Notaria era el lote que el papelillo de fumar tenía anotados para su desgracia. Zurcidor no fue un burel apestoso, ni mucho menos. No acertó a cortar en seco el ataque feroz de su picador y cuando quiso enterarse, el bravo cuatreño estaba en estado preagónico. Vista la magnífica disposición de nuestro torero, intuyo que se lo pasó fatal, observando con total certeza la calidad de su enemigo y su escasita y entregada embestida. No hay duda: Los mínimos errores durante la lidia, terminan pagándose muy caros. Cuando el bravo mozo decidió partirse la boca con Notaria, chocó de bruces con un morlaco, si no avieso, sí probón, incierto y listo para arrear estopa a la mínima ocasión que se le presentara. Dejó la piel en el intento y se lo agradecemos profundamente. Otra vez será, Francisco.
Completó la terna el mozo catalán Serafín Marín, queuna vez más se fue de vacío. Puede que no vuelvas más.