los toros del conde de la Corte se presentaban por delante. No sólo era la primera corrida de toros de las fiestas sino que lucían unas arboladuras del válgame Dios . Parecían pronosticar bonanza porque llevaban en la testuz leña para pasar un invierno. Hoy la aristocracia es todo fachada, todo apariencia. Pero pierde aura a la hora de la verdad. A los toros de ayer les faltaba nobleza. También les faltaba fuerza y algo de casta. Se están perdiendo los blasones de las viejas casas ganaderas, incluso de aquellas de más rancio abolengo.
A pesar de la sosería que tuvieron los condesos , la corrida resultó variada y hubo un poco de todo: decisión en los espadas, rivalidad en algún quite entre Marquitos y Marín, revolcones como los que recibió Abellán en sus dos toros y toreo firme, que fue el que le hizo el catalán al primero de su lote.
Marín encontró la distancia para citar, sabiendo rectificar cuando se hizo necesario. Embarcó y ligó algunas tandas con la derecha, siempre muy colocado y sin perder un paso; pudiendo con su oponente. Aquel toro tenía mejor condición que sus hermanos. Pero la espada no quiso entrar y la cruceta se puso pesada.
El toreo de sensación estuvo en manos de Marquitos, que con la muleta recibió de rodillas a su primero y a portagayola a su segundo. Francisco Marcos logró captar la atención del personal, pero luego no pasó nada, la cosa se enfrío, perdió efecto y la gente siguió a lo suyo.
Dos momentos tuvo Abellán, uno en cada toro. El primero en el inicio de la faena de muleta, doblándose con el que abría plaza, consiguiendo belleza en algún lance. El otro toreando en redondo a su segundo, con la muleta a media altura para que no cayera.
Pasó la primera y no pasó nada. Venía por delante aunque luego no trajera nada de nada por detrás.