el tiempo se queda, nosotros nos vamos, el hombre es sueño y recuerdo, que ambos nos devoran inútilmente. Mientras nos quedamos y consumimos aliento , el pasado nos aqueja en este paísillo al que ahora, descaradamente le denominan Reyno de Navarra, con "y" para mas inri, y nadie protesta por tal escarnio. País de la diversidad le dicen, cuando sólo cultivan una cara. Una de nuestras "señas de identidad", qué cansos, son las fiestas de los Sanfermines, que nada tienen que ver con las que fueron y ya no son. Aquellas tenían como carpa o escenario una ciudad "capital de tercera", llena de curas, tenderos, militares, y rosario de los Esclavos. Acababa en la Taconera, y por donde el Monumento a los Muertos pastaban las ovejas, y San Juan era campos de trigo, la Rochapea, un vergel de huertas, agua encauzada, hortelanos, cuadras de caballos, los fuegos artificiales se tiraban desde la esquina del Crédito Navarro, en la calle San Nicolás, un hombrecillo exhibía sus artimañas con una tabla llena de clavos, y al lado un flautista tocaba una extraña melodía aplaudida. Qué más, pues vi a Orson Wells, con el aparato colosal de sacar fotos colgado como un macuto, y al borrachín Hemingway, al que no juzgaré por su prosa precisa y eficaz, bebiendo a jarro en una mesa del Choko. Sí diré de que Ernest, invento los sanfermines modernos, las fiestas pueblerinas de "en fiestas todo pasa", y que ya todo fue distinto. Tanto que años después confesaría a su amigo y biógrafo Robert Burgess, en su libro "Paris Pamplona": "Mi mujer y yo hemos venido a disfrutar pero todo el mundo nos molesta". La ciudad que encontró y disfrutó el año 1923, hospedado en la casa de huéspedes de la calle Eslava num 5 con balcones a la calle Mayor, era un poblachón acogida de forasteros de la tierra. Iparralde, aportaba un fuerte contingente. Los cambios son notorios. A los pamploneses se les llamaba irunshemes, no pamplonicas, las cuadrillas con atuendo de boina, blusa, ceñidor rojo o negro, "por cientos de años el uniforme vasco", (Hemingway), hoy son peñas y su traje es chafarrinón vinoso. Y para que irrite mas a quienes hoy nos gobiernan, sigue: "Pamplona queda en la region vasca de Navarra" "los vascos danzan el antiguo riau riau". Le enseñan a beber y "se frotan los labios con el envés de la mano, como hacen los vascos.". Los sanfermines de hoy nada tienen que ver con los que conocí, y no es que todo tiempo pasado fuese mejor, sino que Pamplona esos días es "Dodge ciudad sin ley", el orinal del mundo, y para mi sorpresa con la bendición de quienes durante el año nos tienen disciplinados en la horma de su ortodoxia rancia. Y sin embargo, si no hay mas remedio, "Gora San Fermín".