pamplona. Jesús Armañanzas se ha ganado su apodo a pulso: Armalíos. Las anécdotas más sonadas de su cuadrilla son fruto de su imaginación y de sus ganas de trastear y salsear todas las fiestas. Su mujer dice que durante el año es un hombre "simpático" pero "bastante formal", sin embargo, durante los Sanfermines la "espontaneidad" y el "buen humor" se adueñan de él. El objetivo: "pasarlo bien". A sus 60 años, Armañanzas reconoce que ya no sale tanto como cuando era joven, pero no renuncia a la noche del día 6 al 7 de julio. Para él, es "sagrada" y los que le conocen de cerca lo saben bien.
Al más puro estilo Doctor Jekyll y Mr. Hyde, Jesús Armañanzas se convierte en Armalíos del 6 al 14 de julio. Pasa de ser un hombre tranquilo a ser la gregría de la huerta. Al son de 7 de julio San Fermín, sus ganas de jolgorio explotan como una bomba cuya onda expansiva contagia a sus íntimos colegas de correrías. Cuidado, porque estos días Armalíos y sus tres mosqueteros andan sueltos.
De los días de apogeo y plenitud en su juventud sanferminera quedan anécdotas curiosas, travesuras, más bien. De esas que "los jóvenes de hoy, no sé por qué, pero ya no hacen", dice. Cuenta que un buen día se le ocurrió pegar los vasos en la barra de los bares con loctite; que, una vez, sus amigos y él compraron un burro y se lo llevaron de fiesta durante todo el día y la noche, a la Plaza de Toros, a las peñas y los bares; y que, en otra ocasión, se disfrazaron de la selección de Camerún, cuando ganó el mundial de fútbol, y él se vistió de hechicero diciendo que era el que les había dado la suerte necesaria para ganar con un conjuro.
Armañanzas, padre de tres hijos y fontanero de profesión, afirma que no ha cambiado y que tiene un espíritu joven. Hace cuatro años que comenzó a cuidarse durante las fiestas (beber menos, volver a casa de noche, en vez de al mediodía del día siguiente, etcétera), pero admite que sigue siendo "la alegría de la huerta".
Recuerda con nitidez un día hace ya algunos años en que se les ocurrió disfrazarse de areneros y salir al ruedo. "Nadie se dio cuenta y estuvimos allí barriendo la arena de mala manera", dice riéndose a carcajada limpia junto a sus tres amigos.
De momento, asegura que no ha preparado ninguna hazaña de este estilo para los Sanfermines. Pero, por otra parte, añade que sí que saldrá a la calle y que cuando se reúna con su cuadrilla probablemente se dejará llevar por la espontaneidad y, entonces, quizá acumule una anécdota más realizada este año.
l El Guriri del año. Hace diez años, Jesús Armañanzas saludó de manera espontánea a Massaoud Sbai el Idrissi, nombrado Guiri del año 2008, porque le hacía gracia. Desde entonces, todos los años Massaoud le reconocía por la calle y se tomaban juntos unas copas. El gorro, la peluca y los collares que lleva Armañanzas en la foto se los vendió él.
l Su mujer. Mila afirma que su marido conoce a mucha gente durante las fiestas porque es "muy simpático y no tiene vergüenza para juntarse con alguien que le parece majo y hablar con él". Durante el año, asegura que es "más formal": queda con su cuadrilla y se va a la peña a jugar al mus o a cantar, otra de sus aficiones.