eugi. "Me ha enseñado en un día lo que no he aprendido en años", decía sobre Detlef Hahn el pasado martes la estudiante de violín Uxue Gárate, la única navarra presente en las clases magistrales del I Festival Internacional de Música de Navarra, que se celebra hasta el sábado incluido en Eugi. La frase da fe del prestigio -merecido- del que goza el intérprete y profesor de violín alemán, que además de encargado de las clases magistrales es el director artístico del FIMNa. Una iniciativa, dice, que defiende que "la música clásica no es para pobres ni para ricos, es para todo el mundo".
¿Cómo se acercó por primera vez al violín?
Mi padre me obligó a tocarlo (risas).
Pero enseguida le gustó...
Sí.
¿Y qué fue lo que le atrajo, lo que le atrae todavía hoy de este instrumento?
El sonido y las posibilidades que brinda. Yo antes de empezar en serio con el violín tocaba el piano, un instrumento más mecánico ya sólo por la forma en que está hecho, donde todo está más prefijado, y en el violín descubrí una mayor libertad a la hora de crear, de controlar las posibilidades del sonido y de expresarme artísticamente.
Como profesor, ¿qué cree que hace falta para aprender a tocar el violín, además de, claro está, horas y horas de ensayo? ¿Qué valora en sus alumnos?
Que quieran aprender. Tienen que encontrar una afinidad con el instrumento y su sonido. Les debe gustar la música, y tienen que esforzarse. Es como un deportista, que necesita la voluntad y ganas de trabajar muchas horas si quiere alcanzar un objetivo. Para tocar el violín se necesita un buen oído, no sólo para lograr la afinación sino también la calidad del sonido. También es importante tener sensibilidad, tacto, imaginación musical...
Digamos que hay una parte que tiene que ser innata, ¿o el oído también se educa?
Tiene que haber una parte innata pero luego debes aprender a utilizarla. Como un jugador de fútbol, que puede tener el talento pero para llegar a jugar bien debe entrenar muchas horas. En el violín, tienes que aprender a tocar y también a tocar para los demás. A actuar.
¿Es cierto eso de que los niños aprenden más rápido?
Por supuesto, cuando eres más pequeño aprendes más rápidamente. En el violín la edad juega su papel. Yo empecé relativamente tarde, con diez años, y es posible llegar, pero es mejor empezar antes.
Es considerado un profesor único en el mundo en su género. ¿Cuál es su método de enseñanza, si es que lo tiene? ¿O con cada alumno el método es distinto?
Parto de un esquema de trabajo, pero nunca debe ser rígido. Me adapto a las necesidades de cada estudiante, porque cada uno es distinto. Pero todos tienen que aprender a coordinar el oído con los dedos. A desarrollar una especie de relación física entre su mente, el arco y los dedos, para lograr que se hagan uno a la hora de tocar. Eso se aprende, como el jugador de tenis aprende a utilizar la raqueta con todo su cuerpo. Tienes que poner las ganas y la ambición.
Habituarse a escuchar música clásica también será importante para alguien que empieza...
Sí, ir a conciertos, escuchar... Pero no escuchar para copiar directamente, que es algo que se hace demasiado ahora, sino para aprender la esencia de lo que tiene de bueno esa grabación en concreto, o ese músico en directo, y luego hacerlo tuyo. Coger la partitura y estudiar, analizar, pensar qué puedes hacer tú con la música y dar con tu propia interpretación.
¿Qué le reporta enseñar a otros?
Mucha satisfacción, al sentir que estoy transmitiendo a una nueva generación aquello que me enseñaron a mí. Es una tradición. Y espero que mis alumnos la continúen. Me aporta mucho el preparar a alguien para ser músico, abrir su mente y su cuerpo y, al cabo de los años, encender la radio o la tele y ver a tu alumno en una orquesta o delante de ella. Saber que van encontrando su camino en el mundo de la música.
FIMNa nace en Eugi con la vocación de acercar la música clásica a todo el mundo, ¿cree que es una necesidad de hoy, especialmente en España? La música clásica sigue considerándose algo de minorías...
Es muy triste que se considere de minorías, porque la mayoría la merece. La gente no sabe lo que se pierde.
¿Hay muchos prejuicios?
Hay una falsa idea de que la música clásica es para la gente con más educación, con más inteligencia o de un mayor nivel socioeconómico.Y no es así, porque es algo que debería llegar a todo el mundo y que puede llegar a todo el mundo. Es una ignorancia no pensar que esto puede y debe ser así. Y no es una cuestión de dinero. Mucha gente dice que es caro, pero luego se gasta 200 euros para ver un partido de fútbol, o paga entradas carísimas por ir a ver un concierto de música pop. Es mucho más barato ir a conciertos de música clásica, pero es una cuestión de elección personal. Lo que queremos hacer con este festival es empezar a brindar en Navarra una oferta accesible. La música clásica no es ni para pobres ni para ricos, es para todo el mundo.
Si no es cuestión de dinero, ¿es una cuestión educacional, entonces, cultural?
La educación tiene mucho que ver, es como cuando tú eliges educar o no a tus hijos en comer bien. Les puedes dar chocolates o verduras con aceite de oliva, y al principio van a decir qué asco, que no tienen ganas de comérselo, pero si tú sigues dándoselo, eso se convertirá en algo bueno, aprenderán a apreciar la comida sana y al final les gustará. Todas las cosas que merecen la pena en la vida conllevan un esfuerzo. La música clásica tampoco es algo que venga gratis, hay que aprender a apreciarla, quizá un poco como la buena comida, pero luego es un placer disfrutarla.
Ha tocado por todo el mundo, ¿dónde ha encontrado al público que más disfruta de la música clásica?
En Europa Central, en Inglaterra, también están muy interesados en China, América del Sur... pero el corazón sigue siendo Alemania, Suiza, Austria, Holanda, Polonia, Rusia... Sin embargo, cuando toco en España el público siempre es muy entusiasta, más que en ningún sitio; y muy expresivo, muy acogedor.
El interés del que habla de China se refleja cada año en el Concurso de Violín Pablo Sarasate que se celebra en Pamplona, y donde siempre hay jóvenes intérpretes del país...
Sí, chinos, coreanos y japoneses. Quizá un día, cuando ya no tengamos subvenciones del gobierno en Europa, ellos salvarán nuestra tradición musical (risas...). He oído últimamente que en China hay un millón de pianistas profesionales.
Siguiendo con Sarasate, y ahora que estamos en el año del centenario de su muerte, ¿qué destacaría del intérprete y compositor navarro?
Para mí ha sido siempre un ídolo. Me gusta desde que empecé. Cuando era estudiante me aprendí todas sus obras porque me encantaban. Luego, cuando han salido grabaciones suyas, las he escuchado. Me parece un gran artista, un genio de todos los tiempos, por su técnica, su brillantez, su elegancia y finura, su ritmo y su musicalidad, que es genial y que lo coloca para mí como una de las grandes figuras de todos los tiempos. Ha influido en muchos violinistas y en la forma de tocar el instrumento.
¿Con qué pieza de Sarasate se quedaría?
Introducción y Tarantella es preciosa. También me gusta mucho Capricho vasco .
Cuando toca en un gran auditorio lleno de gente, ¿uno se olvida del público, necesita abstraerse para concentrarse?
Es una mezcla, por supuesto estás junto con el público, intentas proyectar al final del auditorio, tocas el auditorio, de alguna manera; tu sonido tiene que llegar y estás en eso. Sientes del público las vibraciones, sientes cuando están contigo, cuando están más metidos o más reservados.
¿Cómo se siente eso?, siempre hay un silencio...
Es la tensión que sientes en el aire.
Da la impresión de que los intérpretes de música clásica sólo escuchan ese género, imagino que será un tópico...
(Ríe...) Sí, es un tópico. Al menos en mi caso.
¿Qué tipo de música le gusta escuchar?
Me gusta el jazz, el flamenco, también la música de Europa del Este... Hay dos clases de música: buena y mala. Y buena y mala música hay en todos los géneros, no sólo en la música clásica.