Antonio Rodríguez no es un profesor de teatro cualquiera, su especial interés en el hecho de que los actores no sólo soltaran la palabra a la hora de interpretar le hizo investigar y dar con un método que denominó la palabra vinculada y que propició la creación de la Escuela de Lectura de Madrid.
Cuando comenzó a desarrollar ambos proyectos releyó la novela de Ray Bradbury Fahrenheit 451 , que describe una sociedad en la que los libros están prohibidos y la única manera de que transmitir el contenido de los mismos era de forma oral, es decir, convirtiendo a las personas en libros. "Entonces me di cuenta de que lo que yo estaba haciendo era lo mismo que se contaba en la novela. A mí, lo que me interesaba, lo que estaba investigando, era la manera de hablar, de narrar. Pero, por otro lado, yo trabajaba con mis actores cómo aprenderse textos de memoria de libros tanto de narrativa como de filosofía. Así que, uniendo estas dos cosas, el resultado era muy similar a lo que se proponía en la novela de Ray Bradbury".
Para entrar en este particular club de las personas-libro no es necesario aprenderse de memoria una novela entera. "Cada persona elige un fragmento de un libro para aprendérselo, pero sólo una parte, ya que lo completo no nos interesa. Además, las palabras elegidas digamos que tienen que ser deseadas, en el sentido de que uno desearía haberlas escrito por los sentimientos que le provocan al leerlas. Y, en segundo lugar, enseñamos a entregar la palabra, a no soltarla como un robot sino a hablarla con sencillez". Las técnicas para entregar la palabra son las que Antonio Rodríguez enseñó ayer en el Hotel Almadiero de Burgui. Respecto a su técnica, Rodríguez explicó que "lo que yo aporto a las personas-libro es la narración vinculada; es decir, vincularte a las personas a las que te diriges con la palabra y, además, ser consciente del proceso de estar leyendo, hablando o narrando. Esta consciencia hace que las cosas sean mucho más verdaderas. En resumen, conseguimos que la ficción se haga realidad y hacemos que la manera de entregarlo sea sencilla, como decía Don Quijote, háblalo llano ". Para aprenderse los textos, este profesor de teatro explica que utilizan ciertas reglas mnemotécnicas pero que, principalmente, "nos ponemos en el papel del escritor, ya que un escritor elige las palabras, las confirma, juega con ellas y al final acepta unas en lugar de otras. Es decir, nosotros recorremos las palabras hasta llegar a una de nuestras claves principales, el silencio. Ya que todas las palabras salen del silencio".