L Instituto de Estadística confirma que el deterioro de la situación económica ha llevado a las familias a cortar el grifo del gasto ante los temores de las consecuencias futuras de la crisis, como muestran las menores cifras de comercio al por menor, ventas de automóviles o carteras de pedidos -y efectos directos en la hostelería, el turismo o el textil-. La crisis comenzó en los intocables ámbitos de la especulación financiera -créditos bancarios y precio de las materias primas-, pero ya centra sus efectos cotidianos en las economías domésticas, que han perdido en pocos meses riqueza patrimonial y poder adquisitivo de los salarios y conviven con una creciente incertidumbre laboral y la caída de los ingresos fiscales, garantía de la prestación de los servicios básicos. La disminución del consumo doméstico ha llevado a la economía casi al estancamiento, con un crecimiento intertrimestral del 0,1%, el peor registro desde los 90. Además, la inversión ha condicionado a la baja el PIB, al caer con fuerza por primera vez en 12 años, lo que añade más dudas sobre las expectativas a medio plazo de la economía y avala a quienes opinan que lo peor está por venir. De nuevo, la construcción lidera las causas de esta contracción, pero poco a poco se extiende el peso de la incertidumbre general a sectores como servicios e industria. Y, por supuesto, acelera sus efectos directos sobre el empleo, donde la decreciente capacidad de generar empleo se une a una temporalidad laboral sostenida -con datos sonrojantes en Navarra-, y la pérdida de calidad en las condiciones laborales. Quizá sea cierto que el modelo socioeconómico occidental tiene capacidad suficiente para aguantar los picos de estas crisis periódicas y que recuperar índices de crecimiento del 3% no es una utopía. Incluso que el contexto internacional sea el culpable de la crisis, como repite una y otra vez Zapatero. Pero no deja de sorprender la apática actitud de instituciones y agentes sociales, más aún en Navarra, como si el alcance global de la crisis les eximiera de responsabilidad alguna. Evidentemente, las causas globales de un problema requieren soluciones globales, pero la falta de iniciativa del actual Gobierno foral, unida a la poca acción de la oposición -especialmente la sumisa inacción del PSN-, parece merecer una posición de las organizaciones de la sociedad civil -sindicatos, consumidores, empresarios, profesionales, partidos...- más activa ante los problemas reales de la sociedad navarra.